Vacio y plenitud justicialista

sábado, 27 de diciembre de 2008




por Daniel Santoro

El tres es un número emblemático para el justicialismo: define su posición ideológica (tercera), su estructura política (las tres ramas del movimiento) y las tres banderas de su programa doctrinario. Las grandes cosmogonías de Oriente y Occidente comparten este patrón numérico, articulando en torno al tres la estructura de sus dogmas. Un buen ejemplo es el del arbol de la vida en la cábala, con sus tres ramas: la rama izquierda, que expresa la misericordia; la derecha, la severidad; y en el centro, la rama del vacío, que sería algo así como el espacio del acuerdo, la zona no beligerante. Traspolado al cuerpo humano, la izquierda y la derecha son espacios llenos, estructurales, en donde la fuerza se despliega y el cuerpo es menos vulnerable; el eje central, en cambio, es mórbido y su condición primordial es la del vacío (boca, esófago, corazón, tráquea, estómago y útero). En la simbología bíblica, Caín y Abel personifican a la derecha y la izquierda. Ningún sistema bipolar sobrevive, como tampoco lo hicieron ellos. La disputa del dos no tiene salida.
Un sistema trinitario repone el equilibrio; según Pitágoras, el tres nos trae la primera figura geométrica: el triángulo, el sólido trípode sobre el que se construye el universo; todas las series armónicas, como las de Fibonacci, tienen su inicio aquí. Para los griegos, lograr la armonía es encontrar la medida o medianía entre dos términos dados, dando paso así a la proporción. Más precisamente para Platón, el problema armónico general se resuelve al poner en proporción los vacíos o intervalos de cifras que están en razones definidas con las cifras iniciales. Volviendo a Fibonacci, la tercera posición es una suerte de armonización del vacío, un intervalo armónico entre opuestos.
El gran pintor simbolista Xul Solar realizó entre 1950 y 1954 muchas obras con las imágenes del árbol de la vida en las que fue revelando aspectos de esta cosmogonía y que explican, en cierto modo, su adhesión al gobierno justicialista de entonces.
En el siglo XVII, el monje Athanasius Kircher, exclamó con pasión neopitagórica "todo lo trino es perfecto". Postrado bajo el triángulo que dibuja al Padre, celoso custodio del capital, al Hijo, abandonado en su aventura justiciera y terrenal, y al Espíritu Santo, la tercera aparición que desde la cúspide de la tríada, derrama sus dones de sutil componedor. Esta trinidad está muy emparentada con la de Shiva, Visnú y Brahma, el gran mar de la tranquilidad que en uno de sus pliegues produjo el entero universo; parentesco que llega al zorohastrismo, la antigua religión que, con sus dos dioses en oposición: Ahura Mazda y Arriman, coloca a la figura de Mitra -largamente estudiado por C. G. Jung- como el misterioso repositor del equilibrio. Aún mas hacia Oriente, el Tao nos recuerda que sólo el vacío justifica a las cosas: un vaso, una casa, un ser humano son por el espacio libre que existe dentro y fuera de ellos. Como sostiene Francois Cheng en su libro Vacío y plenitud, "el Yin y el Yang son un motor que gira y da vida al universo gracias al espacio que hay alrededor".
Fundar su doctrina en torno a una tercera posición, le permitió a Perón apelar constantemente a la búsqueda de la armonía, que no es otra cosa que ubicar de manera correcta un punto sobre un segmento entre dos extremos. En este caso, son comunismo y capitalismo, izquierda y derecha. Estas dos posturas encuentran su identidad en un punto fijo tan irreductible como la estructura de un sólido; nada de esto ocurre en el justicialismo, cuya virtud es la de plantear flexibles relaciones armónicas a través de diversas posibles distancias a los extremos. En esta tercera posición, el cuerpo doctrinario del peronismo expone su área de penetración ideológica, permitiéndole gozar libremente, abandonado a un perpetuo vagabundeo por el extenso campo que enmarcan las ideologías. En definitiva el justicialismo habita el vacío entre la izquierda y la derecha, en una especie de trascendencia de los opuestos, lo que nos puede llevar a interpretarlo de acuerdo con los parámetros de la física cuántica. Entonces diríamos: "el peronismo no es de izquierda ni de derecha, sino que tiende a serlo".
En muchos de mis trabajos, como los que este texto acompaña, busco lograr un acercamiento visual o al menos dibujar los contornos de lo que podría ser el justicialismo. Esto sin duda es un desafío, tal búsqueda siempre fue un enigma para sociólogos, politólogos y economistas; intento tener algún resultado antes que la inquietud llegue a los arqueólogos.






Bibliografía
Ghicka, Mathyla. El número de oro, Barcelona, Poseidón, 1978.
--. Estética de la proporción en las artes visuales, Buenos Aires, Poseidón, 1933.
Cheng, François: Vacío y plenitud, Madrid, Siruela, 2005.
Glasman, Sarah. "el número de oro", en Revista Conjetural, Nº 4.

Argentina: un País, dos Visiones

lunes, 15 de diciembre de 2008

Un artículo de Jorge Rachid

El Gobierno Nacional ha atravesado en su primer año de gobierno, un período cargado de turbulencias y tensiones, producidas en parte por medidas profundas de propuestas de cambios estructurales, como por desaciertos políticos, que condujeron a la reacción de los factores de poder históricos en nuestro país y de una ofensiva de la oposición hasta entonces inexistente, aglutinada a empellones por la realidad.

La pregunta sería si las tensiones son o no, propias de las políticas de cambio y si son saludables al desarrollo de nuestra democracia, joven, todavía limitada, como a adherir ciegamente, a las políticas de Mercado y organismos de crédito internacionales o a sucumbir como “autocracia cesarista” denostada por el gobierno global, sus ejecutantes económicos como FMI y BM y sus socios locales, siempre dispuestos a copiar modelos externos.
Debo decir que las tensiones son propias de la política en general y de las políticas sociales en particular, al modificar los cuadros de situación existentes, los actores de la realidad y las bases de construcción del modelo de construcción. Sin tensiones no hay cambios y sin cambios se congelan situaciones de injusticia y modelos culturales ya agotados y repudiados por el pueblo argentino, como el período neoliberal del 76 a la fecha.

Esto no quiere decir que todo cambio sea en la dirección correcta, ni importa juicios de valor absolutos, ya que la visión nacional, requiere de pensamiento crítico. Es mas aún, quien pierde el pensamiento crítico deja de ser sujeto activo y comprometido, para transformarse en oportunista o funcionario todo terreno. Tampoco quiere decir que el desarrollo natural del pensamiento crítico sea el de francotirador de la realidad como testigo de la historia o del oposicionismo constante, como una forma de individualismo acendrado, producto sin dudas del tráfico ideológico de la cultura dominante en las últimas décadas.

Así fue como la confrontación con el sector llamado campo en que fue derrotada legislativamente la posición oficial, fue saludada con entusiasmo como reafirmación de la democracia, mientras que las políticas que demolieron el mayor saqueo de las historia contemporánea del ahorro interno genuino de los trabajadores, al eliminar las AFJP por la misma vía fueron catalogadas por la oposición, como contrarias a derecho y desvirtuadoras de la “propiedad privada”. Podríamos seguir con los ejemplos del maniqueísmo que se expresa en los medios cuando las políticas implementadas no responden a los intereses históricos de la versión oficial de la historia en nuestro país. En ese sentido el “mitrismo” sigue haciendo escuela, en la tergiversación de los acontecimientos en una mirada centrista en lo internacional y apocalíptica en lo nacional.

No todo es blanco o negro, en realidad nunca lo es excepto cuando se discute de cuestiones que no tienen discusión como la fe y la moral, ámbitos donde cada uno desarrolla sus convicciones desde una cultura y un modelo de vida, que trae desde la historia familiar trasmitida, hasta pautas de conductas de su propio tiempo histórico. El maniqueísmo se expresa entonces en valores absolutos, inmodificables, de verdades pétreas, imágenes congeladas, en donde el enemigo, adversario o contrincante, siempre debe ser demolido en función de reafirmar sus propios conceptos, donde no hay victoria sin demonización, ni diálogo posible con quienes se pugna desde esas posiciones.

Sin embargo la cuestión nacional, que siempre es postergada como eje de discusión, permite que quienes apuestan al fracaso, por razones de especulación financiera o por manejo externo de recursos naturales o por cuestiones de control político geoestratégico, tengan su primavera ante el canibalismo doméstico, que impide erigir un proyecto de país soberano, en donde las políticas de Estado puedan ser estructuradas por el campo nacional, en defensa férrea de un destino como Nación.

El liberalismo y los sectores políticamente “correctos”, llaman a consensuar las políticas. Acaso se puede sintetizar la injusticia con la justicia?. La impunidad puede ser socia del futuro?. Se puede consensuar una política que privilegie el industrialismo con una que proteja la especulación financiera o al menos no se atreva a oponerse? Se puede plantear distribuir la riqueza en un país donde después de 32 años aún quedan 10 millones de compatriotas en situación de pobreza? Podremos quizás discutir de seguridad sin un arma en la mano ni denostando jueces llamándolos “garantistas” cuando no existe el derecho sin garantías, ni la justicia sin tiempos? Llegaremos a plantear de cara a la sociedad, como se discute hoy de los derechos humanos y los correctos juicios al genocidio, la necesaria reparación histórica de generaciones de jóvenes arrojados al día a día, sin futuro ni proyecto personal, ni expectativas de vida, productos de familias demolidas por la lógica expulsiva de los 90? Terminaremos de escuchar a los gurúes de la City aconsejar como protegerse de los Gobiernos populistas desde la timba financiera que se acaba de derrumbar en el mundo y que antes llevó a la Argentina al borde mismo de la disolución?
Sin dudas consensuar no es conceder alegremente en relaciones carnales con los responsables del fracaso y el coloniaje.

La pregunta es si se puede ser oficialista crítico en nuestro país, dominado por la crispación y la intolerancia y la respuesta es sí. Se puede si el planteo crítico es desde una mirada nacional y popular, lo imposible es plantear las críticas desde posiciones neoliberales.
Por ejemplo, puede ser que las formas a veces sean prepotentes en función de necesidades de urgencia de Estado, otras que estén mal planteadas o peor aún que sean políticamente encaradas en forma incorrecta, pero lo que no se puede es estar en contra de medidas estructurales que fortalecen nuestra capacidad soberana de decisión, como el tema de las AFJP, las medias proactivas de reactivación económica frente a la crisis, o jugar del lado de los vaciadores de los activos del Estado como el caso Aerolíneas, donde se termina defendiendo las posiciones de los codiciosos mercachifles, lo mismo que Aguas Argentinas o tantos empresarios extranjeros que compraron por monedas, prometiendo inversiones que nunca llegaron, vaciaron la empresas, se quedaron con los sectores rentables abandonando las poblaciones dispersas y de menores recursos y ahora piden subsidios del Estado para seguir operando.
La respuesta de algunos medios es que debemos cuidad el capital extranjero aunque sea estafador, aunque sea evasor, aunque sea coimero de funcionarios argentinos, en una muestra mas del genial Jauretche en su Manual de Zonceras Argentinas. ( ver “las fuerzas vivas y los vivos de la fuerza”)

Pero el Peronismo también está en deuda política y social con nuestro pueblo y aún no la ha saldado. Hemos gobernado períodos tormentosos, hemos atravesado situaciones inéditas, siempre hubo respuestas tácticas a coyunturas dramáticas, pero los actores de “la pizza y el champan”, algunos son los mismos de la nueva etapa impregnada de latinoamericanismo y justicia social. Alguno de los mismos protagonistas, con el mismo énfasis para la defensa del vaciamiento neoliberal como ahora del rol del Estado en ésta etapa, sin que medie análisis profundo ni reinserción en el compromiso con el pueblo. Eso genera desconfianza y alejamiento. El pueblo que todo lo computa, es en su conciencia colectiva quien determina los nuevos paradigmas de los próximos tiempos, que determinarán los signos de la historia argentina.

Nos debemos un debate desde lo internacional hasta la reformulación del Estado de Bienestar de estos tiempos, en la construcción del modelo social solidario que sostiene de nuestra doctrina.
Los modelos prebendarios no son de nuestro patrimonio, como no forman parte de nuestros anhelos las formas de utilización de la pobreza que arrasa la dignidad en pos de lo electoral, ni la fragmentación de la salud y el derrumbe los conceptos de Ramón Carrillo, ni la privatización de las Obras Sociales a través de las prepagas, ni la consolidación de las escuelas express en detrimento de la escuela pública.

Pero si forman parte de nuestra doctrina las políticas laborales con la ampliación de los puestos de trabajo, la demolición de la legislación antiobrera de flexibilización, las respuestas a los jubilados después de años de congelamiento y sometimiento, las políticas preactivas de industrialización, la política de derechos humanos, la concepción latinoamericana de las relaciones exteriores, la eliminación de las AFJP, el rescate de las empresas monopólicas del Estado vaciadas y entregadas en el festín de la ideología del remate, la recuperación de los espacios aéreos, terrestres y marítimos como forma soberana de ejercicio del poder, el UNASUR y la alianza estratégica con los pueblos latinoamericanos, la consolidación de la democracia como ejercicio del poder.

Sin dudas como síntesis de un debate alcanza con el enunciado de temas que preocupan y determinan confusión cuando no son tratados frontalmente. Al decir de Artigas “con la verdad no ofendo ni temo” y el poder y la oposición tienen el deber de expresar la verdad al pueblo argentino. Hemos perdido una guerra en los 80 que todavía estamos pagando con las presiones que generan los centros internacionales de poder. Lo hicieron con el Plan Brady, con el endeudamiento externo, con la apropiación del ahorro interno, con el desmantelamiento de las tecnologías de punta: Plan Cóndor y Nuclear Argentino, la pérdida de los recursos naturales estratégicos ahora en plan de recuperación, determinaron el Consenso de Washington para las democracias incipientes como forma de control político.

Recomponer el mapa nacional es tarea de todos los compatriotas comprometidos del campo nacional que se atrevan a recuperar la identidad nacional, sin especulaciones con los medios o las encuestas siempre dispuestos a consolidar el status quo del poder, a no mover las fichas, al no se puede.

Por último creo firmemente que el camino es reconstruir las esperanzas y generar nuevas utopías a las jóvenes generaciones, que derroten el abatimiento, convocando, movilizando a la solidaridad activa, a la construcción de un destino común en un marco de justicia social y dignidad para todos los argentinos. Hacerlo desde la humildad y sin rencor, sellando la unidad del campo nacional frente al triunfo de la fragmentación que generó el neoliberalismo. Rescatar los conceptos de Comunidad Organizada como forma de dirimir los conflictos de intereses de nuestra sociedad, el tercerismo como forma de afianzar la confianza en nuestro propio camino de construcción, el fortalecimiento de los valores como herramienta de futuro y reestablecer la confianza de que los argentinos somos capaces de crecer juntos nosotros y nuestros hermanos latinoamericanos.


DR. JORGE RACHID

CABA 13-12-08

Lecciones de una guerra incierta


Algunas reflexiones didácticas

¿La guerra del futuro?


Escribe Julián Licastro

Llamo a la guerra en Irak una guerra incierta. Incierta por sus orígenes, que van desde una falsa denuncia por la existencia de armas de destrucción masiva, a la geopolítica del petróleo y el control del Medio Oriente. Incierta por su desarrollo, con errores de enfoque y cambios permanentes de estrategia y tácticas. Y también incierta en las formas de encarar una retirada responsable, que no haga que el remedio sea peor que la enfermedad; porque hay conductores políticos que, “jugando a la guerra”, a veces no comprenden la naturaleza y las consecuencias históricas de las acciones bélicas que ellos mismos fomentan, contra el consejo de los verdaderos estrategas.

Hace pocos días la tardía autocrítica de un presidente saliente, en cuanto al “error” de apreciación sobre la peligrosidad de las armas en poder de Bagdad, y su reconocimiento de no haber estado él bien preparado para conducir una guerra de esta magnitud, facilitan la extracción de lecciones objetivas sobre este conflicto que, pese a todas sus incógnitas –o precisamente a causa de ellas- es considerado por algunos analistas como “la guerra de futuro”.

No tenemos la pretensión obviamente de enseñar nada a los ejércitos de las potencias, sino aprender algo de la experiencia ajena que, transmitida con las claves de la interpretación histórica, puede contribuir a la docencia sobre el liderazgo en tiempos de crisis. Además, sabemos que los profesores de estrategia suelen enseñar la guerra que fue, y no la que es, ni la que será; aunque siempre sea necesaria la revisión crítica del pasado para poner a prueba los principios teóricos; y completar las soluciones creativas que deben aportar la imaginación constructiva y la penetración profunda de la realidad que los conductores enfrentan.

El tema es apasionante si se piensa que ciertos tratadistas ven el porvenir de la guerra dentro del marco del “choque de civilizaciones”, lo cual otorga carácter predominante a los factores culturales; y si se considera además que el mundo marcha inexorablemente hacia una multipolaridad con acento en los grandes espacios geohistóricos, superando el interregno de la hegemonía excluyente de una superpotencia. Reflexiones que aterrizan el tema de estudio en nuestra América Latina, y especialmente en América del Sur, donde hoy se plantea con fuerza una nueva asociación basada en la identidad cultural y la unión regional.

Es hora pues de aprender de este conflicto tan amañado como cruento, ya que podemos analizarlo fuera del bombardeo mediático que trató de acomodar el relato de las operaciones militares a las necesidades políticas del gobierno de turno y sus urgencias electorales. Por lo demás la sociedad estadounidense, como la elección del nuevo presidente lo ha demostrado en parte, superó el grado de tolerancia a la violencia que toda comunidad tiene, máxime cuando una guerra externa y no de sobrevivencia se torna crecientemente impopular.

Irak es el ejemplo de lo que puede ocurrir cuando la codicia política y económica es sobreactuada por “liderazgos” demasiados personalistas y de círculo; y del efecto negativo que en el frente interno, aún de las naciones más poderosas, pueden causar las guerras inútiles, por carecer de propósitos sostenibles en el espacio y el tiempo. Una toma de conciencia especialmente dura para un pueblo que, por el peso de una historia estéril, siente más vano el sacrificio de vidas.



¿Un choque de civilizaciones?

La decisión de hacer la guerra, dentro de un molde geopolítico bien asumido por el conjunto de la sociedad, ha sido, según la historia, el rasgo esencial definitorio de estados y coaliciones, cuando éstos creyeron en la justicia de una causa capaz de desatar la tragedia bélica, asumiendo sus riesgos y pagando su costos materiales y humanos, que a veces incluyeron la desaparición de generaciones enteras. Es sin duda alguna la decisión más difícil de tomar y la más sensible a la posibilidad de unir o dividir a la nación que asume este desafío agónico.

Esta dificultad se acrecienta enormemente en las contiendas que comprenden elementos étnicos y religiosos considerados de ”choque” entre civilizaciones; porque este tipo de guerra no queda limitada a un único escenario político o teatro de operaciones, sino que se expande fuera de control en la misma dimensión del universo cultural agredido. Así el enfrentamiento, lejos de aplacarse, puede autosostener la violencia en formas y zonas impensadas, aumentando la desconfianza y el encono por la perspectiva rígida de culturas distintas que se satanizan recíprocamente.

Esta rigidez impide comprender la lógica de actuación del otro negado, y aceptar las opciones y decisiones que los pueblos mismos van eligiendo y tomando, lo cual alienta a los sectores extremistas de todos los países involucrados. En este clima aparece la tentación de la diplomacia coercitiva y la guerra preventiva; o sea la sustitución de la verdadera diplomacia por la amenaza y el ultimátum, seguidas de acciones ofensivas contundentes, cuando aún no están definidas del todo las condiciones irreversibles de un conflicto, que se puede evitar.

La subestimación del adversario que con frecuencia implica la arrogancia o el fanatismo, es otro de los asuntos complicados de un planteo del tipo “cultura vs. anti-cultura”, donde el oponente debe allanarse a un modelo político impuesto, aceptando autoridades locales de un gobierno que no gobierna por falta de representatividad, ineficacia y corrupción. La escalada a niveles genocidas de violencia sectaria, en Irak como en los Balcanes, es la parte más oscura del drama de las luchas internas de “limpieza” étnica o religiosa, constituyendo toda “una guerra dentro de la guerra” con la que no contaba la fuerza expedicionaria.

Por lo demás, no se puede pecar de ingenuidad o de cinismo en la alternativa de una guerra de ultramar, frente al prejuicio de las conquistas y colonizaciones que demarcan la historia del mundo; porque allí está claro que toda invasión implica humillación del invadido, y toda ocupación, en especial si se prolonga, es vista como una opresión intolerable. Luego, “liberar” Bagdad resultó algo muy distinto que liberar Paris en la Segunda Guerra Mundial, generando aquí una irritación y una resistencia al extranjero capaz de unir a los sectores internos para desalojarlo de la tierra común.

De este modo, se fue neutralizando la amplia superioridad tecnológica y logística del despliegue original, y se fue perdiendo la iniciativa en la acción, visto el fracaso de una doctrina inicial de guerra rápida y corta, como ideal no siempre posible que puede derivar en un empantanamiento de las fuerzas. ¿Cuánto tiempo más se puede seguir combatiendo en una lucha que se cree perdida, sea en lo militar o en lo político? ¿Cuáles serán las consecuencias inmediatas y mediatas de una probable retirada precipitada bajo presión enemiga?

Son preguntas obligadas, de un necesario análisis crítico, que deberán hacer pensar a los gobernantes del futuro sobre la conveniencia o no de ingresar en este tipo de conflicto de opción, de elección, no plenamente forzados por un dilema de sobrevivencia. Porque si la guerra siempre es difícil de explicar hasta lograr un consenso activo, mucho más arduo es tratar de convencer a un frente interno desconfiado respecto a los verdaderos intereses en juego, y a una opinión internacional que la juzga como una reacción excesiva y unilateral.

¿Coordinación político –militar?

Guerras como las de Irak, tan llenas de contrastes sociales y étnicos, y por tanto tan necesitadas del funcionamiento efectivo de gobiernos reales y propios que alienten la unión nacional y la reconciliación interna, implican de modo singular la cooperación y el trabajo común entre civiles y militares, para construir una plataforma adecuada a la orientación y contención de los esfuerzos estratégicos. Una manera de decir que la comprensión política de la situación general resulta clave, no como expresión de alineamiento partidista o faccioso, sino como eje de la conducción integral capaz de sentar las condiciones exitosas de una gran táctica en el terreno.

En este sentido, hay que recordar que toda crisis general es una crisis política, por una ausencia simultánea de liderazgo apropiado y de funcionamiento institucional; en particular cuando se ha dispuesto erróneamente la disolución total de las fuerzas armadas y las estructuras políticas preexistentes. En tal disyuntiva, el resultado no puede ser otro que el caos, que con su efecto disgregante se vuelve en contra del ejército extranjero que trata de controlar un territorio sin funcionamiento económico y carente de los servicios públicos elementales; y a lo cual se agrega el desconocimiento de los códigos de comportamiento masivo de una población lógicamente exasperada por su situación de necesidad e indefensión.

En este nivel se revela la habitual falta de información y formación política del viejo estilo de capacitación militar: ya que es tan mala la politización excesiva de los cuadros castrenses más jóvenes, como la excusa de un profesionalismo cerrado en los grados superiores, donde confluyen naturalmente los factores políticos y militares de una misma decisión. Los latinoamericanos debemos reconocer que sufrimos quizás más que nadie este síndrome de confusión, porque solemos pasar de la intrusión militar absoluta en el orden constitucional, vía los golpes y las dictaduras, al otro extremo representado por un apoliticismo vulgar que no se compadece del arte de la conducción estratégica.

Esta categoría de la alta conducción exige conciliar la misión política asignada por la comandancia en jefe, a veces con demasiada ambigüedad, y la tarea militar concreta que se debe realizar para alcanzar sucesivamente la serie de grandes objetivos que llevan a construir la victoria. Con este mismo espíritu militar y actitud estratégica, hay que iluminar constantemente esos grandes objetivos, para que no se extravíen en el desarrollo sinuoso y contradictorio de una guerra prolongada o permanente.

Esta problemática se agudiza con el funcionamiento a distancia del Estado Mayor Conjunto al máximo nivel, por más suficiencia de comunicaciones sofisticadas que disponga, porque siempre aparece la tendencia burocrática a distanciarse de la realidad del conflicto, que sólo se conoce de modo directo y comprometido en el campo de batalla. Esto molesta mucho a los comandantes en el terreno, que detestan los debates teóricos de los famosos “tanques de ideas”, cuando éstos no saben captar la naturaleza de los hechos de la guerra en sí, que son muy claros en el frente de combate.

¿Respaldo a la conducción estratégica?

En todo tiempo, lugar y circunstancia es bien sabido el efecto que tiene el liderazgo estratégico sobre toda una organización; el cual se amplifica en tiempos de crisis y se multiplica en períodos de guerra. Hay una forma fácil de rescatar este axioma que habla de “la parte vital del arte”, y es contrastar en el registro de nuestra memoria la larga lista de los generales victoriosos en la Segunda Guerra Mundial, con las pocas excepciones al término medio en Corea, Vietnam e Irak. Sucede que la fabricación en cadena de un generalato muy técnico o esquemático, no suele proveer en la actualidad guerreros brillantes y apasionados por su vocación, lo que se repite lamentablemente en todo el mundo.

Por esta razón, es tan digno de destacar el caso del último conductor de las operaciones en Irak que, no por casualidad, adjunta a su experiencia en combate, entrenamiento y doctrina, un doctorado en historia militar. Esta es la fuente de inspiración, sin duda, de los principios clásicos de la estrategia y los preceptos de la filosofía de la acción; válidos también para transitar el camino sembrado de envidias e intrigas que siempre se manifiesta en la cadena de mando, haciendo cierto el presupuesto histórico de “la soledad del conductor”.

Estudiando el perfil de este comandante se pueden deducir los criterios de una personalidad exitosa en lo militar, a pesar de los errores políticos repetidos en el principio y en el desarrollo de la contienda. Para empezar su decisión correcta de no exagerar los logros obtenidos en una lógica de lucha sin tiempo, donde al pueblo protagonista de la resistencia le sobran las oportunidades presentes y futuras de revertir los resultados bélicos a su favor, porque no puede retirarse nunca del campo de batalla que es su propio territorio.

Una actitud, en consecuencia, realista, capaz de informar verazmente a las autoridades ejecutivas y legislativas de su país, con el coraje moral de no decir simplemente lo que ellas quisieran escuchar. Un espíritu humanista, dotado de capacidad de persuasión, contrario a la imposición, y con la resolución suficiente para hacerse cargo de la situación, lo que denota la cualidad carismática de su liderazgo: lucidez en la concepción y humildad en el ejercicio práctico del mando.

Si Irak, para bien o para mal, es un presagio operativo del desafío de los estrategas del futuro, estos son los valores a tener en cuenta, con la impronta, agreguemos, de una educación amplia y comprensiva de realidades culturales diferentes, pero no necesariamente opuestas hasta el exterminio. Una aleación difícil pero no imposible de lograr, que al reunir firmeza con abnegación, puede dar sentido trascendente a una vocación militar hoy aturdida por los arrolladores avances tecnológicos.

¿Comandantes tácticos idóneos?

Es imposible utilizar tácticas convencionales contra fuerzas obligadas al combate irregular y sorpresivo, y es un error tratar como terrorista al adversario insurgente que resiste la ocupación de su patria, más allá de cualquier argumento “justificatario”. Como también, resulta equivocado apelar a un centralismo excesivo, sinónimo de inmovilismo y pasividad, a causa de una administración retenida de los movimientos y las acciones de combate.

Pero la descentralización que se requiere sólo es factible con comandantes tácticos idóneos, entendiendo por tales a aquellos dotados de flexibilidad intelectual y capacidad de adaptación a los cambios, las novedades y las sorpresas permanentes. Comandantes con gran visión operativa, educados para pensar de manera amplia, dinámica y creativa. Este sería el modo de enderezar un derrotero mal encarado desde el comienzo por excesivo triunfalismo y despilfarro de medios.

Incorporar las ideas propias de estos comandantes combatientes es fundamental, no sólo para evitar la frustración de quienes no se sienten escuchados e interpretados por la conducción superior, sino para aportar al enriquecimiento de los contenidos tácticos en la ejecución de las operaciones. Estas operaciones tan próximas a la sociedad civil, que exigen el respeto a los derechos humanos, requieren también virtudes cívicas en quienes representan a una cultura y a un país en tela de juicio, y cuya imagen ética y moral queda al arbitrio de los jefes de cada fracción desplegada.

En el campo táctico, pues, esta clase de guerra diferente -lo digo para que aprendamos a protegernos de ella- enfatiza la moral de combate, la fuerte motivación que sólo produce la clarificación de los intereses en juego y la dedicación profesional-militar hasta el último detalle. Un equilibrio constante entre fuerza militar y sociedad civil, donde lo esencial es ganar la confianza de la gente. Su actor profesional debe ser un ciudadano soldado, un militar no militarista, que descarta una asepsia inconducente y pone en práctica con prudencia su responsabilidad de participación.

¿El fin responsable de la guerra?

Lo que alguien llamó “una desmesura geopolítica” consistió en la utopía y el negocio de lograr, por la vía de una expedición militar rápida y corta, una especie de “estado asociado” en Medio Oriente, rico en petróleo y clave para el control regional. Se trataba de aprovechar el desgaste de un gobierno dictatorial y la desarticulación de un país dividido por tendencias sectarias. Su proyecto más ambicioso era precisamente la partición territorial implícita, con el ensayo incompatible de un gobierno central aparente en un modelo demoliberal. Una cuña “democrática” en el mundo árabe de tradición política vertical.

Pero la amenaza de partición, de balcanización, produjo el efecto contrario en la perspectiva no fácil de una unidad y autonomía de postguerra. En el medio, quedó el resultado local efectista pero temporario del refuerzo militar, en el plano inclinado de una intervención crecientemente impopular para las autoridades de Bagdad y Washington. La elección presidencial del 4 de noviembre, junto a la crisis financiera que le está vinculada, produjo la eclosión de un plebiscito contra la guerra y el triunfo histórico de un voto de protesta demasiado evidente, porque se encarnó en el exponente de una minoría étnica postergada y con ancestros musulmanes. Toda una paradoja asombrosa, más allá de la trayectoria que a partir de ahora siga el nuevo presidente.

Pero hay conclusiones valiosas de esta guerra que, a grandes trazos, ya es posible asimilar, como la inconveniencia del militarismo, el unilateralismo y el aventurerismo, en el fin de una época de extraordinaria codicia económica por parte de los centros financieros globales. Ahora, para recuperar la gran política y la verdadera diplomacia, hay que salir de los enfoques obsesivos sobre determinados países demonizados, y abrirse a las regiones y al mundo con sentido de cooperación y no de un dominio total y reaccionario.

Los países de Unasur tienen aquí un espacio y un tiempo que se presentan como una oportunidad histórica imposible de desaprovechar, porque no sabemos cuanto durará ni si se repetirá, en el nuevo orden mundial que se está bosquejando. Nuestros proyectos nacionales, perspectivas geopolíticas y doctrinas de defensa tienen que confluir estratégicamente. La idea-fuerza es participar de modo equilibrado en el mundo de los grandes espacios políticos y económicos, a favor de la unión regional por identidad cultural y vecindad geográfica, para proteger y potenciar nuestros recursos naturales e históricos.

Entre la caída del Muro de Berlín, hace menos de 20 años, y la caída del otro muro, el de Wall Street, se abre un horizonte de posibilidades ciertas para nuestros ideales de soberanía, independencia y justicia. No seamos nuestros propios enemigos por viejos prejuicios y nuevas improvisaciones, que hasta ayer nos limitaron a un destino de frustración incomprensible, en un continente pródigo donde está todo por hacer.

Washington-Buenos Aires, 10 de diciembre de 2008.

LA DESREGULACIÓN Y LAS PREPAGAS : DOS MISILES A LA SEGURIDAD SOCIAL

jueves, 11 de diciembre de 2008

ASOCIACIÓN DE SALUD PARA LOS ARGENTINOS


Desde 1976 en adelante, el objetivo del sector financiero en nuestro país, apoyado por el Banco Mundial y el FMI, fue captar el ahorro interno genuino de los trabajadores en su inversión en la Seguridad Social, transformando los criterios solidarios, a la luz de la irrupción del neoliberalismo, en concepciones del seguro que arrasaron la dignidad y transformaron en número a los seres humanos.

Así sucesivamente fueron privatizadas las Jubilaciones, por las AFJP compulsivamente por la ley 24.241, luego fue el turno de la Higiene y Seguridad en el trabajo por la ley 24.557 de ART y por último intentaron hasta ahora con relativo éxito, introducirse en las Obras Sociales que atendieron el casi el 85% de la salud de los argentinos desde los años 60.

Esto último, el avance sobre la salud lo hicieron primero con el decreto 446 del Gobierno de la Alianza firmado por el Vicepresidente Alvarez, que disponía la desregulación de las Obras Sociales. Así quien estaba disconforme en vez de protestar en su marco de pertenencia, emigraba a otro sistema que brindase mejor atención. Se iniciaba el “descreme” es decir los trabajadores de mas altos salarios, mas jóvenes y sanos, emigraban a los brazos abiertos de obras sociales que permitiendo la entrada de las Prepagas, prometían mejores servicios.

Desde entonces se instala el sálvese quien pueda entre los mismos sindicatos, ante los drenajes de titulares que son disputados en un ambiente de “Mercado” antes que en un estado de solidaridad social, como había transcurrido hasta ese momento, desde la irrupción misma de los trabajadores organizados al sistema social solidario de salud. Era la situación esperada por las Prepagas para iniciar un proceso de privatización de la Seguridad Social, de un universo que hasta ese momento les era negado, el de los trabajadores.

Las Prepagas como toda entidad comercial, tiene fines de lucro con lo cual desde su misma concepción, afiliado que gasta no conviene. Los crónicos , los enfermos terminales, las patologías de resolución mas cara con prótesis o medicamentos de alto costo, son situaciones que inundan las denuncias de las ONG de defensa del consumidor. Los padrones son seguidos minuciosamente a los fines de detectar anticipadamente este tipo se situación, intentando evadir responsabilidades a la hora del gasto.

Las Prepagas subidas a la Seguridad Social gozan de los beneficios de la misma que incluye los reintegros del Fondo Solidario de Redistribución construído con el 10% del aporte de todos los trabajadores, para equilibrar a las Obras Sociales mas pequeñas en los gastos que demandan tratamientos de alto costo. O sea que los trabajadores que aportan de su salario el 3% para el PAMI para que nuestros mayores tengan atención médica , además aportan del 3% para su Obra Social el 10% para el Fondo solidario. Esto vino a romperse y aprovecharse, desde los sectores financieros, quebrando la seguridad social.

Desde 1990 se rebajaron los aportes patronales y el de trabajadores, produciendo el desfinanciamiento del sistema. Se les sacó a las O.S. la recaudación pasando a la AFIP con lo cual el control de los mismos, se relajó, llevando la cifra de trabajadores en negro a mas del 50% en esa época, planteando desde el poder, la necesidad de bajar la estructura de costos de las empresas para generar empleo. Como vimos en los años posteriores, todo un “éxito” que culminó con el 23% de desocupación, la mas grave de la historia de nuestro país.

Así en un movimiento de pinzas implacable, las O.S. se vieron sometidas sucesivamente al descreme, la falta de manejo de los recursos, el trabajo en negro, el desfinanciamiento por la rebaja de aportes, asumir en todos los casos las nuevas tecnologías, leyes que impusieron a las O.S. nuevos tratamientos en el marco del programa Médico Obligatorio, aumentos de los prestadores sin aumentos salariales que acompañasen, disparada de los precios de los medicamentos, siempre en el marco de los controles estrictos, y así debe ser, de acuerdo a las leyes 23.660 y 23.661, de la Súperintendencia de Servicios de Salud.

La Obras Sociales son la expresión mas concreta del Modelo Social Solidario, donde los trabajadores aportan al sostenimiento de su salud, que es un derecho constitucional que debería ser garantizado por el Estado, de acuerdo al artículo 14 bis de la C.N. . En estos momentos se atienden por obras sociales el 45% de la población argentina siendo el sector que mas eficientemente gasta en salud por afiliado. Sus recursos no devienen del presupuesto nacional, no son aportes tributarios ni tiene subsidios externos que apuntalen su funcionamiento. Aún así, por codicia de los sectores neoliberales, son sometidas al escarnio diario de los medios de comunicación, acusadas de corruptelas varias, que de hecho existen como en cualquier actividad, pero que no es el eje de la atención médica de la mayoría de la población económicamente activa y su núcleo familiar.

Sin dudas que debe mejorarse mucho el sistema, que deben perfeccionarse sus procesos de compra en especial medicamentos y prótesis tendiendo a la centralización, pero en el camino que marquen los mismos trabajadores, aportantes y dueños de las O.S..
Asimismo es seguro también que ninguna solución saldrá desde las filas de las prepagas o de aquellos que plantean competencias políticas del manejo de las prestaciones de salud, desde el neoliberalismo o del “progresismo”militante que visualiza a los sindicatos como el enemigo. La atención de la salud de la familia trabajadora no puede ser botín de inescrupulosos sectores financieros, ni estar manejada por contadores que en vez de caracterizar como inversión, califican de gasto, las prestaciones necesarias para cubrir las demandas de los afiliados.

Por último, es necesario terminar esta descripción desde la perspectiva de la elaboración de un Plan Nacional de Salud, que integre los esfuerzos dispersos que son producto de la fragmentación del sistema sanitario en la Argentina por falta de planificación estratégica desde 1973, en que se puso en marcha el SNIS de corta vida institucional por el golpe del 76. Como en el 66 con la ley Oñativia de medicamentos, como en el 55, desmontando el sistema sanitario del Dr. Ramón Carrillo, arrasando con años de construcción de una política sanitaria, se hace necesario ahora que se erija, un modelo social solidario que incluya la salud y la educación como pilares de un país federal mas justo.


DR. JORGE RACHID-presidente
DR. ADRIAN ANDREATTA- vicepresidente
LIC. BEATRIZ BATHORI – secretaria general

CABA, 10-12-08

nos invitan

viernes, 5 de diciembre de 2008

Capital humano: El término que inventó el neoliberalismo




Todas estas actividades llamadas educativas por los actores empresariales están basadas en esta teoría neoliberal norteamericana y alemana, analizada por Foucault en esas maravillosas clases de 1979.

En la primera semana de noviembre, el Ministerio de Trabajo de la Nación organizó un seminario: ¿Por qué a usted le hace feliz trabajar? Era uno de los temas donde brilló esta teoría, mal que nos pese a muchos de nosotros y en especial a todos los trabajadores.

Creo también que esta teoría es el fundamento último de una serie de reclamos actuales, por ejemplo, cuando cierta gente reclama para sí su cuenta individual de capitalización de las Afjp. Lo hace desde ese espacio imaginario que construyó la teoría neoliberal y que tan bien le fue en el país de la mano de Menem, Cavallo y la gran mayoría de los legisladores de la época, algunos de los cuales continúan, travestidos.

Sería interesante continuar analizando los conceptos que se usan, en especial nuestro sector político y empresarial, por cuanto en general, reproducen contenidos de la teoría neoliberal más pura y más obsecuente y que más criticó las políticas keynesianas en el mundo.

Si nos tomáramos el trabajo de estudiar ciertos discursos de algunos políticos, en especial del ámbito oficial y de muchos de los actuales ministros, podríamos encontrar muchísimos ejemplos de contenidos basados en esa teoría que analizó con su método arqueológico Foucault, y ninguno de esos actores quizás sería conciente de ello. Esto es por la lógica del pensamiento neoliberal, una lógica adscripta a una filosofía individualista y utilitarista, pero que se consume como “natural en el hombre”, una filosofía que se practica en la vida como si formara parte de la naturaleza del hombre.
Es por ello que a continuación expongo una interpretación abreviada de parte de una clase de Foucault de 1979 donde analiza la teoría neoliberal norteamericana y un subproducto: el capital humano.

El capital humano, una nueva teoría del pensamiento neoliberal. En los países centrales, especialmente EE.UU. y también Inglaterra, a partir de las políticas intervencionistas del Presidente Roosevelt de 1933-1934, la llamada New Deal, calificada como keynesiana, junto a los pactos sociales y el crecimiento de la administración federal, surge el pensamiento neoliberal crítico de esta alteración de la teoría clásica liberal.

En la teoría clásica liberal se definieron tres conceptos claves del fenómeno económico: la tierra, el capital y el trabajo. Pero este último término quedó sin explorar. Por influencia del pensador Ricardo se redujo el trabajo al factor tiempo, una manera cuantitativa de medir ese factor. Y para Keynes el trabajo sería un factor de producción, de carácter pasivo, ya que dependerá de la tasa de inversión, sólo se encuentra el factor trabajo si hay una tasa de inversión en capital físico lo bastante elevada.

Frente a esta falta de precisión sobre el trabajo, surgen pensadores neoliberales como Theodore Schultz que escribe una serie de artículos relacionados con el tema de capital humano. En los mismos años otro pensador y Nobel de Economía en 1992, Gary Becker también hará aportes teóricos sobre este tema. Y Jacob Mincer publicará un artículo en 1958 donde por primera vez utilizará el término capital humano.

Habría que recordar que Carlos Marx escribió “El trabajo no sólo crea bienes, también se produce a sí mismo y al trabajador como una mercancía en la misma proporción en que produce bienes”. Este autor postula que el obrero vende su fuerza de trabajo por cierto tiempo y por un salario. Este trabajo crea valor (el producto de su trabajo), una parte de ese valor se le arrebata al obrero, no está dentro de su salario y ésta es la lógica que descubre Marx del capitalismo.

La lógica del capital sólo retiene del trabajo la fuerza y el tiempo, lo convierte en un producto de mercado y únicamente le interesa a los efectos del valor producido. Esto es lo que Marx denomina trabajo abstracto, porque no está referido al trabajo concreto, ya que amputa toda la realidad humana, todas sus variables cualitativas.

La teoría neoliberal (TNL) dirá que no es obra del capitalismo real esta abstracción que denuncia Marx, sino de una teoría económica clásica, que sólo resaltó los procesos del capital, la inversión, la máquina, el producto, etc.

Esta TNL critica la posición del análisis económico liberal clásico y parte por definir que los recursos son escasos y el análisis económico debe precisar cómo se asignan los individuos tales recursos escasos.

Así surge otra definición de economía, “es la ciencia del comportamiento humano, como una relación entre fines y medios escasos, que tienen usos que se excluyen mutuamente”.
En esta definición se asigna a la economía la tarea de analizar el comportamiento humano y su racionalidad interna.

Esta TNL no se interesará por el análisis económico del trabajo en cuanto cuál es el valor agregado por éste ni a cuánto se lo compra o qué produce. Sino, será saber cómo utiliza el trabajador los recursos de que dispone. Estudiará el trabajo como conducta económica, como una conducta económica en acción, calculada por la persona misma que trabaja.

Esta TNL se pregunta ¿para qué trabaja la gente? Para contar con un salario, y ¿qué es un salario?
Desde el punto de vista del trabajador no es el precio de su fuerza de trabajo. Es un ingreso, y ¿qué es un ingreso?

Es sencillamente el producto o rendimiento de un capital. Entonces capital se define como fuente de ingresos futuros. Así el salario es una renta del capital. El trabajo conforma un capital, una aptitud, una idoneidad, una experiencia, una tecnología, y es un ingreso, también llamado flujo de salarios.
Aquí está operando una descomposición del trabajo en capital y renta, donde el rasgo de idoneidad del trabajador es similar al de una máquina, que va a producir flujo de ingresos, que tiene una vida útil, con período de utilidad y también de obsolescencia o envejecimiento.

Una máquina que va a generar salarios (ingresos) bajos cuando recién se inicie, que serán más elevados en su vida adulta útil y volverán a reducirse con el envejecimiento del trabajador.
El citado Schultz definirá a este conjunto hombre-máquina como complejo máquina-flujo.
Esta es la concepción capital-idoneidad (neoliberal) opuesta a la teoría de la fuerza de trabajo (Marx). En esta concepción el trabajador aparece como una empresa para sí mismo.
Esta es la matriz de la TNL: una economía compuesta no tanto de individuos, sino de empresas, unidades-empresas.

Aquí cabe recordar la teoría clásica liberal del homo economicus. ¿Por qué? Porque es el hombre del intercambio, el socio, uno de los dos socios del intercambio, uno que vende y otro que compra. Y una teoría de la utilidad a partir de definir las necesidades de estos dos socios.

En la TNL encontramos al homo economicus, pero no como socio, ahora es un empresario y su empresa es él mismo, él es su propio capital, su propio productor, la fuente de sus ingresos.
El citado Becker tiene su teoría del consumo: no hay que creer que es un proceso de intercambio, el consumo consiste en el hecho de que alguien compra con dinero una cantidad de productos. El hombre del consumo en un productor y ¿qué produce?, su propia satisfacción.

Entonces dirá que el consumo es una actividad empresaria por la cual el individuo sobre la base de su propio capital, producirá su propia satisfacción.

Llegamos entonces a que el salario no es otra cosa que una renta de un capital (capital humano), donde la idoneidad-máquina no puede disociarse del individuo, que es su portador.

¿De qué está compuesto el capital humano?

Simplificando, de algunos elementos innatos y otros adquiridos.

Entre los primeros, los innatos, se resaltan los hereditarios. Aquí cabe señalar la importancia que adquiere la genética y mucho más aplicada a poblaciones humanas.

Podemos preguntarnos ¿qué hereda un pobre de padres analfabetos para su capital humano? Y justamente cuando la genética incursiona en la mejora del capital humano se erigen las políticas de control y filtro, aparecen efectos racistas. Si uno quiere tener hijos con capital humano apuntará a buscar una pareja que evidencie esas características innatas y así llegamos a mecanismos de control
de la producción de individuos.

¿Qué quiere decir formar capital humano? Formar esa especie de máquina-idoneidad que va a producir ingresos y cuanto más altos más idoneidad será requerida.

Así llegamos a las inversiones educativas.

En forma experimental se dirá que inicialmente es el tiempo que dedican sus padres a la enseñanza y obligaciones educativas de sus hijos. Se ha comprobado el efecto de los estímulos culturales transmitidos de padres a hijos.

Así se llegará a analizar la innovación, las nuevas técnicas, los nuevos procesos tecnológicos, las invenciones, no es otra cosa que la renta del capital, capital humano, es decir el conjunto de inversiones educativas realizadas en el hombre mismo.

“Todos los problemas de la herencia, transmisión, educación, formación, desigualdad de niveles tratados desde un punto de vista único como elementos homogeneizables, ellos mismos reajustados a su vez, ya no en torno a una antropología, una ética o una política del trabajo, sino de una economía del capital. Y el individuo considerado como una empresa, esto es, como una inversión y un inversor… Sus condiciones de vida son la renta de un capital.”

Cuando el peronismo creó instituciones políticas

martes, 2 de diciembre de 2008




(a propósito de la Constitución del Chaco)


Alberto Buela (*)

El 8 de octubre de 1951 se creó la provincia del Chaco cuya constitución tuvo disposiciones novedosas y polémicas. Su rasgo fundamental es que, salvo mejor opinión, es la única en el mundo que desde bases democráticas modificó el régimen de representación política demoliberal que entiende que solo los partidos políticos tienen el monopolio de la representatividad política.

Ya el preámbulo comienza con una novedad: Nos, los representantes del pueblo trabajador de la Provincia y no como era de uso comenzar: Nos, los representantes del pueblo… a imitación de las constituciones salidas del espíritu de la Revolución Francesa de 1789.
La apelación específica al pueblo trabajador ya nos está indicando el carácter específicamente peronista de esta Constitución, pues es sabido que una de las verdades o apotegmas del justicialismo (la número cuatro) dice: No existe para el Justicialismo más que una clase de hombres: los que trabajan.
Aclarándose a continuación en el mismo preámbulo que su propósito es contribuir al afianzamiento de una nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana en coincidencia por lo declarado también en el preámbulo de la Constitución Nacional de 1949, conocida como la Constitución de Perón.

Ahora bien, si bien la Constitución del Chaco recogió las disposiciones de carácter económico y sociales incluidas en la Constitución del 49, existe entre estas dos constituciones una diferencia sustancial pues la del 49 no llega a modificar el régimen de representación demoliberal respetando el monopolio que ejercen los partidos políticos en dicho campo, mientras que la del Chaco sí.

Los artículos 33 y 118 son los que regulan y establecen la modificación de la que hablamos. En ellos se establece que habrá una cámara de representantes compuesta por 30 miembros (el Chaco tenía en la época 450.000 habitantes) la elección de 15 representantes provenientes de los listados de los partidos políticos será a pluralidad de votos y por todo el pueblo y la elección de los otros 15 representantes también a pluralidad de sufragios pero solo votada y compuesta por los ciudadanos que pertenezcan a las entidades profesionales.
Fue así que esta Constitución del Chaco fue conocida en su época como “la del doble voto”. El voto por el listado partidocrático y el voto por el listado social. Este mecanismo adoptado no respondió a ninguna concepción en la materia, como muy bien lo hace notar Roberto de Jesús Zalazar pero refleja la mayor dimensión participativa que el pueblo trabajador haya tenido en constitución alguna. Esta Constitución dejó de regir la provincia el 27 de abril de 1956 con motivo del golpe de Estado que derrocó al Juan Perón.

La intención de esta novedosa disposición constitucional fue poner al alcance del pueblo trabajador (obreros, empleados, industriales, comerciantes, profesionales, trabajadores de cualquier rama y oficio) la representación parlamentaria sin tener que subordinarse a las oligarquías partidarias que normalmente manejan los partidos políticos. No olvidemos que el mando siempre ha sido de unos pocos en este caso.

En cuanto a los antecedentes históricos para la elaboración de la Constitución del Chaco según el doctor Millán Ford, Fiscal de Estado durante el primer gobierno provincial de Felipe Gallardo, son los siguientes: en el año 1951 visitó el país el dirigente sindical yugoslavo Takel Rusel quien se entrevistó con sus pares de la CGT y con Eva Perón a quienes explicó el sistema constitucional yugoslavo cuyo rasgo distintivo era la participación de los trabajadores en el poder legislativo. Lo acompañó el politólogo Jovan Djordjevich quien pormenorizó sobre los mecanismos del sistema representativo. La diferencia fundamental entre las dos constituciones es que la yugoslava sostenía el partido único en tanto que la del Chaco se apoyaba en la pluralidad de partidos.

Pero indudablemente, según nos hace notar Héctor Antonio Ferreira, fue Evita quien dio el mayor impulso político a esta novedosa Constitución afirmando: Estos representantes (los del listado social) hablarán por la propia boca del territorio. Serán la voz de la tierra, directa y clara. Dirán lo que saben con pleno conocimiento de causa y pedirán lo que en justicia necesitan.

En un reportaje realizado el 21 de septiembre de 1992 don Felipe Gallardo, el gobernador que puso en vigencia esta Constitución afirmaba al respecto:
Se trataba de una forma de participación sindical o profesional en uno de los poderes del Estado. Muchos criticaron este sistema pero era parte del programa de Perón, el que tenía por objeto la formación de una comunidad organizada, la organización del pueblo. No se trataba de un privilegio era un incentivo para que la gente se organizara por sectores. Porque tanto derecho tenía el obrero organizado como el profesional organizado. Porque es distinto dialogar con un grupo de mecánicos o un grupo de abogados que hacerlo con representantes de sus organizaciones. Y así por medio del “voto sindical” ellos contaban con una representación directa en la Cámara de Diputados. Por eso se estableció el “doble voto”: el voto del ciudadano y el voto sindical o profesional. Entonces si usted estaba afiliado a una entidad que integrara la Confederación General del Trabajo, la Confederación General de Profesionales o la Confederación General Económica, usted tenía derecho al “doble voto”.

Conclusión

Pasados cincuenta y siete años de esta experiencia jurídico-política ciertamente que las circunstancias han cambiado pero el tono general de modificación de la representatividad política sigue vigente. Es más, se profundizó con toda la crítica posterior a la reducción de la democracia a simplemente una partitocracia. Además a partir de 1970 se viene desarrollando en los países capitalistas avanzados, como sostiene el eminente politólogo Gonzalo Fernández de la Mora, una corriente de pensamiento, sus portavoces más destacados son P.C.Schmitter y G. Lembruch, cuya preocupación fundamental es encajar dentro del esquema contemporáneo de partitocracia el decisivo de la “acción concertada” entre sindicatos y patronales con eventual presencia gubernamental .
Así ante un posible poder compartido los partidarios de la partidocracia desplazan o alojan a los representantes de las organizaciones sociales (sindicatos, cámaras, cooperativas, asociaciones sociales, etc.) en un Consejo Económico y Social simplemente consultivo, y así poderlos neutralizar y conservar el poder efectivo de las instituciones políticas que controlan.

La Constitución del Chaco vino a plantear, aun sin decirlo, la clara y distintiva separación entre el corporativismo de Estado, típica del fascismo y el corporativismo de comunidad idea medular del peronismo en tanto teoría política. Es más, el justicialismo nunca habló de corporativismo ni de cuerpos intermedios al estilo de Roberto Michels, Mosca o Creuzet sino de “organizaciones libres del pueblo”. Esto es, creadas libremente por el pueblo, de abajo hacia arriba, sin intervención del Estado. Este bajo el principio de “la suficiente representatividad” de la ley 23.852 del 2 de octubre de 1945 estableció “las condiciones de posibilidad” de las organizaciones profesionales pero no su creación que quedó siempre en mano de los trabajadores y del pueblo en su conjunto según sus intereses y necesidades.

Estos antecedentes teóricos, y muchos más que desconocemos, nos hacen proponer la realización de un congreso nacional e internacional sobre este tema específico donde se planteen estrictamente las posibilidades concretas de instauración de un sistema alternativo a partidocrático actual. Y esto solo puede hacerse desde el peronismo como marco de referencia pues no olvidemos que él ha quedado como una revolución inconclusa.