Argentina: un País, dos Visiones

lunes, 15 de diciembre de 2008

Un artículo de Jorge Rachid

El Gobierno Nacional ha atravesado en su primer año de gobierno, un período cargado de turbulencias y tensiones, producidas en parte por medidas profundas de propuestas de cambios estructurales, como por desaciertos políticos, que condujeron a la reacción de los factores de poder históricos en nuestro país y de una ofensiva de la oposición hasta entonces inexistente, aglutinada a empellones por la realidad.

La pregunta sería si las tensiones son o no, propias de las políticas de cambio y si son saludables al desarrollo de nuestra democracia, joven, todavía limitada, como a adherir ciegamente, a las políticas de Mercado y organismos de crédito internacionales o a sucumbir como “autocracia cesarista” denostada por el gobierno global, sus ejecutantes económicos como FMI y BM y sus socios locales, siempre dispuestos a copiar modelos externos.
Debo decir que las tensiones son propias de la política en general y de las políticas sociales en particular, al modificar los cuadros de situación existentes, los actores de la realidad y las bases de construcción del modelo de construcción. Sin tensiones no hay cambios y sin cambios se congelan situaciones de injusticia y modelos culturales ya agotados y repudiados por el pueblo argentino, como el período neoliberal del 76 a la fecha.

Esto no quiere decir que todo cambio sea en la dirección correcta, ni importa juicios de valor absolutos, ya que la visión nacional, requiere de pensamiento crítico. Es mas aún, quien pierde el pensamiento crítico deja de ser sujeto activo y comprometido, para transformarse en oportunista o funcionario todo terreno. Tampoco quiere decir que el desarrollo natural del pensamiento crítico sea el de francotirador de la realidad como testigo de la historia o del oposicionismo constante, como una forma de individualismo acendrado, producto sin dudas del tráfico ideológico de la cultura dominante en las últimas décadas.

Así fue como la confrontación con el sector llamado campo en que fue derrotada legislativamente la posición oficial, fue saludada con entusiasmo como reafirmación de la democracia, mientras que las políticas que demolieron el mayor saqueo de las historia contemporánea del ahorro interno genuino de los trabajadores, al eliminar las AFJP por la misma vía fueron catalogadas por la oposición, como contrarias a derecho y desvirtuadoras de la “propiedad privada”. Podríamos seguir con los ejemplos del maniqueísmo que se expresa en los medios cuando las políticas implementadas no responden a los intereses históricos de la versión oficial de la historia en nuestro país. En ese sentido el “mitrismo” sigue haciendo escuela, en la tergiversación de los acontecimientos en una mirada centrista en lo internacional y apocalíptica en lo nacional.

No todo es blanco o negro, en realidad nunca lo es excepto cuando se discute de cuestiones que no tienen discusión como la fe y la moral, ámbitos donde cada uno desarrolla sus convicciones desde una cultura y un modelo de vida, que trae desde la historia familiar trasmitida, hasta pautas de conductas de su propio tiempo histórico. El maniqueísmo se expresa entonces en valores absolutos, inmodificables, de verdades pétreas, imágenes congeladas, en donde el enemigo, adversario o contrincante, siempre debe ser demolido en función de reafirmar sus propios conceptos, donde no hay victoria sin demonización, ni diálogo posible con quienes se pugna desde esas posiciones.

Sin embargo la cuestión nacional, que siempre es postergada como eje de discusión, permite que quienes apuestan al fracaso, por razones de especulación financiera o por manejo externo de recursos naturales o por cuestiones de control político geoestratégico, tengan su primavera ante el canibalismo doméstico, que impide erigir un proyecto de país soberano, en donde las políticas de Estado puedan ser estructuradas por el campo nacional, en defensa férrea de un destino como Nación.

El liberalismo y los sectores políticamente “correctos”, llaman a consensuar las políticas. Acaso se puede sintetizar la injusticia con la justicia?. La impunidad puede ser socia del futuro?. Se puede consensuar una política que privilegie el industrialismo con una que proteja la especulación financiera o al menos no se atreva a oponerse? Se puede plantear distribuir la riqueza en un país donde después de 32 años aún quedan 10 millones de compatriotas en situación de pobreza? Podremos quizás discutir de seguridad sin un arma en la mano ni denostando jueces llamándolos “garantistas” cuando no existe el derecho sin garantías, ni la justicia sin tiempos? Llegaremos a plantear de cara a la sociedad, como se discute hoy de los derechos humanos y los correctos juicios al genocidio, la necesaria reparación histórica de generaciones de jóvenes arrojados al día a día, sin futuro ni proyecto personal, ni expectativas de vida, productos de familias demolidas por la lógica expulsiva de los 90? Terminaremos de escuchar a los gurúes de la City aconsejar como protegerse de los Gobiernos populistas desde la timba financiera que se acaba de derrumbar en el mundo y que antes llevó a la Argentina al borde mismo de la disolución?
Sin dudas consensuar no es conceder alegremente en relaciones carnales con los responsables del fracaso y el coloniaje.

La pregunta es si se puede ser oficialista crítico en nuestro país, dominado por la crispación y la intolerancia y la respuesta es sí. Se puede si el planteo crítico es desde una mirada nacional y popular, lo imposible es plantear las críticas desde posiciones neoliberales.
Por ejemplo, puede ser que las formas a veces sean prepotentes en función de necesidades de urgencia de Estado, otras que estén mal planteadas o peor aún que sean políticamente encaradas en forma incorrecta, pero lo que no se puede es estar en contra de medidas estructurales que fortalecen nuestra capacidad soberana de decisión, como el tema de las AFJP, las medias proactivas de reactivación económica frente a la crisis, o jugar del lado de los vaciadores de los activos del Estado como el caso Aerolíneas, donde se termina defendiendo las posiciones de los codiciosos mercachifles, lo mismo que Aguas Argentinas o tantos empresarios extranjeros que compraron por monedas, prometiendo inversiones que nunca llegaron, vaciaron la empresas, se quedaron con los sectores rentables abandonando las poblaciones dispersas y de menores recursos y ahora piden subsidios del Estado para seguir operando.
La respuesta de algunos medios es que debemos cuidad el capital extranjero aunque sea estafador, aunque sea evasor, aunque sea coimero de funcionarios argentinos, en una muestra mas del genial Jauretche en su Manual de Zonceras Argentinas. ( ver “las fuerzas vivas y los vivos de la fuerza”)

Pero el Peronismo también está en deuda política y social con nuestro pueblo y aún no la ha saldado. Hemos gobernado períodos tormentosos, hemos atravesado situaciones inéditas, siempre hubo respuestas tácticas a coyunturas dramáticas, pero los actores de “la pizza y el champan”, algunos son los mismos de la nueva etapa impregnada de latinoamericanismo y justicia social. Alguno de los mismos protagonistas, con el mismo énfasis para la defensa del vaciamiento neoliberal como ahora del rol del Estado en ésta etapa, sin que medie análisis profundo ni reinserción en el compromiso con el pueblo. Eso genera desconfianza y alejamiento. El pueblo que todo lo computa, es en su conciencia colectiva quien determina los nuevos paradigmas de los próximos tiempos, que determinarán los signos de la historia argentina.

Nos debemos un debate desde lo internacional hasta la reformulación del Estado de Bienestar de estos tiempos, en la construcción del modelo social solidario que sostiene de nuestra doctrina.
Los modelos prebendarios no son de nuestro patrimonio, como no forman parte de nuestros anhelos las formas de utilización de la pobreza que arrasa la dignidad en pos de lo electoral, ni la fragmentación de la salud y el derrumbe los conceptos de Ramón Carrillo, ni la privatización de las Obras Sociales a través de las prepagas, ni la consolidación de las escuelas express en detrimento de la escuela pública.

Pero si forman parte de nuestra doctrina las políticas laborales con la ampliación de los puestos de trabajo, la demolición de la legislación antiobrera de flexibilización, las respuestas a los jubilados después de años de congelamiento y sometimiento, las políticas preactivas de industrialización, la política de derechos humanos, la concepción latinoamericana de las relaciones exteriores, la eliminación de las AFJP, el rescate de las empresas monopólicas del Estado vaciadas y entregadas en el festín de la ideología del remate, la recuperación de los espacios aéreos, terrestres y marítimos como forma soberana de ejercicio del poder, el UNASUR y la alianza estratégica con los pueblos latinoamericanos, la consolidación de la democracia como ejercicio del poder.

Sin dudas como síntesis de un debate alcanza con el enunciado de temas que preocupan y determinan confusión cuando no son tratados frontalmente. Al decir de Artigas “con la verdad no ofendo ni temo” y el poder y la oposición tienen el deber de expresar la verdad al pueblo argentino. Hemos perdido una guerra en los 80 que todavía estamos pagando con las presiones que generan los centros internacionales de poder. Lo hicieron con el Plan Brady, con el endeudamiento externo, con la apropiación del ahorro interno, con el desmantelamiento de las tecnologías de punta: Plan Cóndor y Nuclear Argentino, la pérdida de los recursos naturales estratégicos ahora en plan de recuperación, determinaron el Consenso de Washington para las democracias incipientes como forma de control político.

Recomponer el mapa nacional es tarea de todos los compatriotas comprometidos del campo nacional que se atrevan a recuperar la identidad nacional, sin especulaciones con los medios o las encuestas siempre dispuestos a consolidar el status quo del poder, a no mover las fichas, al no se puede.

Por último creo firmemente que el camino es reconstruir las esperanzas y generar nuevas utopías a las jóvenes generaciones, que derroten el abatimiento, convocando, movilizando a la solidaridad activa, a la construcción de un destino común en un marco de justicia social y dignidad para todos los argentinos. Hacerlo desde la humildad y sin rencor, sellando la unidad del campo nacional frente al triunfo de la fragmentación que generó el neoliberalismo. Rescatar los conceptos de Comunidad Organizada como forma de dirimir los conflictos de intereses de nuestra sociedad, el tercerismo como forma de afianzar la confianza en nuestro propio camino de construcción, el fortalecimiento de los valores como herramienta de futuro y reestablecer la confianza de que los argentinos somos capaces de crecer juntos nosotros y nuestros hermanos latinoamericanos.


DR. JORGE RACHID

CABA 13-12-08

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