Lecciones de una guerra incierta

lunes, 15 de diciembre de 2008


Algunas reflexiones didácticas

¿La guerra del futuro?


Escribe Julián Licastro

Llamo a la guerra en Irak una guerra incierta. Incierta por sus orígenes, que van desde una falsa denuncia por la existencia de armas de destrucción masiva, a la geopolítica del petróleo y el control del Medio Oriente. Incierta por su desarrollo, con errores de enfoque y cambios permanentes de estrategia y tácticas. Y también incierta en las formas de encarar una retirada responsable, que no haga que el remedio sea peor que la enfermedad; porque hay conductores políticos que, “jugando a la guerra”, a veces no comprenden la naturaleza y las consecuencias históricas de las acciones bélicas que ellos mismos fomentan, contra el consejo de los verdaderos estrategas.

Hace pocos días la tardía autocrítica de un presidente saliente, en cuanto al “error” de apreciación sobre la peligrosidad de las armas en poder de Bagdad, y su reconocimiento de no haber estado él bien preparado para conducir una guerra de esta magnitud, facilitan la extracción de lecciones objetivas sobre este conflicto que, pese a todas sus incógnitas –o precisamente a causa de ellas- es considerado por algunos analistas como “la guerra de futuro”.

No tenemos la pretensión obviamente de enseñar nada a los ejércitos de las potencias, sino aprender algo de la experiencia ajena que, transmitida con las claves de la interpretación histórica, puede contribuir a la docencia sobre el liderazgo en tiempos de crisis. Además, sabemos que los profesores de estrategia suelen enseñar la guerra que fue, y no la que es, ni la que será; aunque siempre sea necesaria la revisión crítica del pasado para poner a prueba los principios teóricos; y completar las soluciones creativas que deben aportar la imaginación constructiva y la penetración profunda de la realidad que los conductores enfrentan.

El tema es apasionante si se piensa que ciertos tratadistas ven el porvenir de la guerra dentro del marco del “choque de civilizaciones”, lo cual otorga carácter predominante a los factores culturales; y si se considera además que el mundo marcha inexorablemente hacia una multipolaridad con acento en los grandes espacios geohistóricos, superando el interregno de la hegemonía excluyente de una superpotencia. Reflexiones que aterrizan el tema de estudio en nuestra América Latina, y especialmente en América del Sur, donde hoy se plantea con fuerza una nueva asociación basada en la identidad cultural y la unión regional.

Es hora pues de aprender de este conflicto tan amañado como cruento, ya que podemos analizarlo fuera del bombardeo mediático que trató de acomodar el relato de las operaciones militares a las necesidades políticas del gobierno de turno y sus urgencias electorales. Por lo demás la sociedad estadounidense, como la elección del nuevo presidente lo ha demostrado en parte, superó el grado de tolerancia a la violencia que toda comunidad tiene, máxime cuando una guerra externa y no de sobrevivencia se torna crecientemente impopular.

Irak es el ejemplo de lo que puede ocurrir cuando la codicia política y económica es sobreactuada por “liderazgos” demasiados personalistas y de círculo; y del efecto negativo que en el frente interno, aún de las naciones más poderosas, pueden causar las guerras inútiles, por carecer de propósitos sostenibles en el espacio y el tiempo. Una toma de conciencia especialmente dura para un pueblo que, por el peso de una historia estéril, siente más vano el sacrificio de vidas.



¿Un choque de civilizaciones?

La decisión de hacer la guerra, dentro de un molde geopolítico bien asumido por el conjunto de la sociedad, ha sido, según la historia, el rasgo esencial definitorio de estados y coaliciones, cuando éstos creyeron en la justicia de una causa capaz de desatar la tragedia bélica, asumiendo sus riesgos y pagando su costos materiales y humanos, que a veces incluyeron la desaparición de generaciones enteras. Es sin duda alguna la decisión más difícil de tomar y la más sensible a la posibilidad de unir o dividir a la nación que asume este desafío agónico.

Esta dificultad se acrecienta enormemente en las contiendas que comprenden elementos étnicos y religiosos considerados de ”choque” entre civilizaciones; porque este tipo de guerra no queda limitada a un único escenario político o teatro de operaciones, sino que se expande fuera de control en la misma dimensión del universo cultural agredido. Así el enfrentamiento, lejos de aplacarse, puede autosostener la violencia en formas y zonas impensadas, aumentando la desconfianza y el encono por la perspectiva rígida de culturas distintas que se satanizan recíprocamente.

Esta rigidez impide comprender la lógica de actuación del otro negado, y aceptar las opciones y decisiones que los pueblos mismos van eligiendo y tomando, lo cual alienta a los sectores extremistas de todos los países involucrados. En este clima aparece la tentación de la diplomacia coercitiva y la guerra preventiva; o sea la sustitución de la verdadera diplomacia por la amenaza y el ultimátum, seguidas de acciones ofensivas contundentes, cuando aún no están definidas del todo las condiciones irreversibles de un conflicto, que se puede evitar.

La subestimación del adversario que con frecuencia implica la arrogancia o el fanatismo, es otro de los asuntos complicados de un planteo del tipo “cultura vs. anti-cultura”, donde el oponente debe allanarse a un modelo político impuesto, aceptando autoridades locales de un gobierno que no gobierna por falta de representatividad, ineficacia y corrupción. La escalada a niveles genocidas de violencia sectaria, en Irak como en los Balcanes, es la parte más oscura del drama de las luchas internas de “limpieza” étnica o religiosa, constituyendo toda “una guerra dentro de la guerra” con la que no contaba la fuerza expedicionaria.

Por lo demás, no se puede pecar de ingenuidad o de cinismo en la alternativa de una guerra de ultramar, frente al prejuicio de las conquistas y colonizaciones que demarcan la historia del mundo; porque allí está claro que toda invasión implica humillación del invadido, y toda ocupación, en especial si se prolonga, es vista como una opresión intolerable. Luego, “liberar” Bagdad resultó algo muy distinto que liberar Paris en la Segunda Guerra Mundial, generando aquí una irritación y una resistencia al extranjero capaz de unir a los sectores internos para desalojarlo de la tierra común.

De este modo, se fue neutralizando la amplia superioridad tecnológica y logística del despliegue original, y se fue perdiendo la iniciativa en la acción, visto el fracaso de una doctrina inicial de guerra rápida y corta, como ideal no siempre posible que puede derivar en un empantanamiento de las fuerzas. ¿Cuánto tiempo más se puede seguir combatiendo en una lucha que se cree perdida, sea en lo militar o en lo político? ¿Cuáles serán las consecuencias inmediatas y mediatas de una probable retirada precipitada bajo presión enemiga?

Son preguntas obligadas, de un necesario análisis crítico, que deberán hacer pensar a los gobernantes del futuro sobre la conveniencia o no de ingresar en este tipo de conflicto de opción, de elección, no plenamente forzados por un dilema de sobrevivencia. Porque si la guerra siempre es difícil de explicar hasta lograr un consenso activo, mucho más arduo es tratar de convencer a un frente interno desconfiado respecto a los verdaderos intereses en juego, y a una opinión internacional que la juzga como una reacción excesiva y unilateral.

¿Coordinación político –militar?

Guerras como las de Irak, tan llenas de contrastes sociales y étnicos, y por tanto tan necesitadas del funcionamiento efectivo de gobiernos reales y propios que alienten la unión nacional y la reconciliación interna, implican de modo singular la cooperación y el trabajo común entre civiles y militares, para construir una plataforma adecuada a la orientación y contención de los esfuerzos estratégicos. Una manera de decir que la comprensión política de la situación general resulta clave, no como expresión de alineamiento partidista o faccioso, sino como eje de la conducción integral capaz de sentar las condiciones exitosas de una gran táctica en el terreno.

En este sentido, hay que recordar que toda crisis general es una crisis política, por una ausencia simultánea de liderazgo apropiado y de funcionamiento institucional; en particular cuando se ha dispuesto erróneamente la disolución total de las fuerzas armadas y las estructuras políticas preexistentes. En tal disyuntiva, el resultado no puede ser otro que el caos, que con su efecto disgregante se vuelve en contra del ejército extranjero que trata de controlar un territorio sin funcionamiento económico y carente de los servicios públicos elementales; y a lo cual se agrega el desconocimiento de los códigos de comportamiento masivo de una población lógicamente exasperada por su situación de necesidad e indefensión.

En este nivel se revela la habitual falta de información y formación política del viejo estilo de capacitación militar: ya que es tan mala la politización excesiva de los cuadros castrenses más jóvenes, como la excusa de un profesionalismo cerrado en los grados superiores, donde confluyen naturalmente los factores políticos y militares de una misma decisión. Los latinoamericanos debemos reconocer que sufrimos quizás más que nadie este síndrome de confusión, porque solemos pasar de la intrusión militar absoluta en el orden constitucional, vía los golpes y las dictaduras, al otro extremo representado por un apoliticismo vulgar que no se compadece del arte de la conducción estratégica.

Esta categoría de la alta conducción exige conciliar la misión política asignada por la comandancia en jefe, a veces con demasiada ambigüedad, y la tarea militar concreta que se debe realizar para alcanzar sucesivamente la serie de grandes objetivos que llevan a construir la victoria. Con este mismo espíritu militar y actitud estratégica, hay que iluminar constantemente esos grandes objetivos, para que no se extravíen en el desarrollo sinuoso y contradictorio de una guerra prolongada o permanente.

Esta problemática se agudiza con el funcionamiento a distancia del Estado Mayor Conjunto al máximo nivel, por más suficiencia de comunicaciones sofisticadas que disponga, porque siempre aparece la tendencia burocrática a distanciarse de la realidad del conflicto, que sólo se conoce de modo directo y comprometido en el campo de batalla. Esto molesta mucho a los comandantes en el terreno, que detestan los debates teóricos de los famosos “tanques de ideas”, cuando éstos no saben captar la naturaleza de los hechos de la guerra en sí, que son muy claros en el frente de combate.

¿Respaldo a la conducción estratégica?

En todo tiempo, lugar y circunstancia es bien sabido el efecto que tiene el liderazgo estratégico sobre toda una organización; el cual se amplifica en tiempos de crisis y se multiplica en períodos de guerra. Hay una forma fácil de rescatar este axioma que habla de “la parte vital del arte”, y es contrastar en el registro de nuestra memoria la larga lista de los generales victoriosos en la Segunda Guerra Mundial, con las pocas excepciones al término medio en Corea, Vietnam e Irak. Sucede que la fabricación en cadena de un generalato muy técnico o esquemático, no suele proveer en la actualidad guerreros brillantes y apasionados por su vocación, lo que se repite lamentablemente en todo el mundo.

Por esta razón, es tan digno de destacar el caso del último conductor de las operaciones en Irak que, no por casualidad, adjunta a su experiencia en combate, entrenamiento y doctrina, un doctorado en historia militar. Esta es la fuente de inspiración, sin duda, de los principios clásicos de la estrategia y los preceptos de la filosofía de la acción; válidos también para transitar el camino sembrado de envidias e intrigas que siempre se manifiesta en la cadena de mando, haciendo cierto el presupuesto histórico de “la soledad del conductor”.

Estudiando el perfil de este comandante se pueden deducir los criterios de una personalidad exitosa en lo militar, a pesar de los errores políticos repetidos en el principio y en el desarrollo de la contienda. Para empezar su decisión correcta de no exagerar los logros obtenidos en una lógica de lucha sin tiempo, donde al pueblo protagonista de la resistencia le sobran las oportunidades presentes y futuras de revertir los resultados bélicos a su favor, porque no puede retirarse nunca del campo de batalla que es su propio territorio.

Una actitud, en consecuencia, realista, capaz de informar verazmente a las autoridades ejecutivas y legislativas de su país, con el coraje moral de no decir simplemente lo que ellas quisieran escuchar. Un espíritu humanista, dotado de capacidad de persuasión, contrario a la imposición, y con la resolución suficiente para hacerse cargo de la situación, lo que denota la cualidad carismática de su liderazgo: lucidez en la concepción y humildad en el ejercicio práctico del mando.

Si Irak, para bien o para mal, es un presagio operativo del desafío de los estrategas del futuro, estos son los valores a tener en cuenta, con la impronta, agreguemos, de una educación amplia y comprensiva de realidades culturales diferentes, pero no necesariamente opuestas hasta el exterminio. Una aleación difícil pero no imposible de lograr, que al reunir firmeza con abnegación, puede dar sentido trascendente a una vocación militar hoy aturdida por los arrolladores avances tecnológicos.

¿Comandantes tácticos idóneos?

Es imposible utilizar tácticas convencionales contra fuerzas obligadas al combate irregular y sorpresivo, y es un error tratar como terrorista al adversario insurgente que resiste la ocupación de su patria, más allá de cualquier argumento “justificatario”. Como también, resulta equivocado apelar a un centralismo excesivo, sinónimo de inmovilismo y pasividad, a causa de una administración retenida de los movimientos y las acciones de combate.

Pero la descentralización que se requiere sólo es factible con comandantes tácticos idóneos, entendiendo por tales a aquellos dotados de flexibilidad intelectual y capacidad de adaptación a los cambios, las novedades y las sorpresas permanentes. Comandantes con gran visión operativa, educados para pensar de manera amplia, dinámica y creativa. Este sería el modo de enderezar un derrotero mal encarado desde el comienzo por excesivo triunfalismo y despilfarro de medios.

Incorporar las ideas propias de estos comandantes combatientes es fundamental, no sólo para evitar la frustración de quienes no se sienten escuchados e interpretados por la conducción superior, sino para aportar al enriquecimiento de los contenidos tácticos en la ejecución de las operaciones. Estas operaciones tan próximas a la sociedad civil, que exigen el respeto a los derechos humanos, requieren también virtudes cívicas en quienes representan a una cultura y a un país en tela de juicio, y cuya imagen ética y moral queda al arbitrio de los jefes de cada fracción desplegada.

En el campo táctico, pues, esta clase de guerra diferente -lo digo para que aprendamos a protegernos de ella- enfatiza la moral de combate, la fuerte motivación que sólo produce la clarificación de los intereses en juego y la dedicación profesional-militar hasta el último detalle. Un equilibrio constante entre fuerza militar y sociedad civil, donde lo esencial es ganar la confianza de la gente. Su actor profesional debe ser un ciudadano soldado, un militar no militarista, que descarta una asepsia inconducente y pone en práctica con prudencia su responsabilidad de participación.

¿El fin responsable de la guerra?

Lo que alguien llamó “una desmesura geopolítica” consistió en la utopía y el negocio de lograr, por la vía de una expedición militar rápida y corta, una especie de “estado asociado” en Medio Oriente, rico en petróleo y clave para el control regional. Se trataba de aprovechar el desgaste de un gobierno dictatorial y la desarticulación de un país dividido por tendencias sectarias. Su proyecto más ambicioso era precisamente la partición territorial implícita, con el ensayo incompatible de un gobierno central aparente en un modelo demoliberal. Una cuña “democrática” en el mundo árabe de tradición política vertical.

Pero la amenaza de partición, de balcanización, produjo el efecto contrario en la perspectiva no fácil de una unidad y autonomía de postguerra. En el medio, quedó el resultado local efectista pero temporario del refuerzo militar, en el plano inclinado de una intervención crecientemente impopular para las autoridades de Bagdad y Washington. La elección presidencial del 4 de noviembre, junto a la crisis financiera que le está vinculada, produjo la eclosión de un plebiscito contra la guerra y el triunfo histórico de un voto de protesta demasiado evidente, porque se encarnó en el exponente de una minoría étnica postergada y con ancestros musulmanes. Toda una paradoja asombrosa, más allá de la trayectoria que a partir de ahora siga el nuevo presidente.

Pero hay conclusiones valiosas de esta guerra que, a grandes trazos, ya es posible asimilar, como la inconveniencia del militarismo, el unilateralismo y el aventurerismo, en el fin de una época de extraordinaria codicia económica por parte de los centros financieros globales. Ahora, para recuperar la gran política y la verdadera diplomacia, hay que salir de los enfoques obsesivos sobre determinados países demonizados, y abrirse a las regiones y al mundo con sentido de cooperación y no de un dominio total y reaccionario.

Los países de Unasur tienen aquí un espacio y un tiempo que se presentan como una oportunidad histórica imposible de desaprovechar, porque no sabemos cuanto durará ni si se repetirá, en el nuevo orden mundial que se está bosquejando. Nuestros proyectos nacionales, perspectivas geopolíticas y doctrinas de defensa tienen que confluir estratégicamente. La idea-fuerza es participar de modo equilibrado en el mundo de los grandes espacios políticos y económicos, a favor de la unión regional por identidad cultural y vecindad geográfica, para proteger y potenciar nuestros recursos naturales e históricos.

Entre la caída del Muro de Berlín, hace menos de 20 años, y la caída del otro muro, el de Wall Street, se abre un horizonte de posibilidades ciertas para nuestros ideales de soberanía, independencia y justicia. No seamos nuestros propios enemigos por viejos prejuicios y nuevas improvisaciones, que hasta ayer nos limitaron a un destino de frustración incomprensible, en un continente pródigo donde está todo por hacer.

Washington-Buenos Aires, 10 de diciembre de 2008.

2 comentarios:

Venezuela dijo...

Precisando…. ASÍ SERÁ LA TRAMPA ELECTORAL DE CHÁVEZ, que a Zelaya, que prácticamente lo quieren solo tarifados y muy pocos ingenuos en Honduras, ni siquiera su propio partido, y Chávez con su milagroso material electoral, lo iba a poner a ganar. Las autoridades Hondureñas deberían investigar cuidadosamente ese material electoral enviado por Chávez, contenido en los aviones venezolanos, y los documentos confidenciales de Zelaya. Para desentrañar de una vez la cómplice, mediática y falsa democracia de Venezuela, EEUU, la OEA, UE y ONU y su delatadora e inaudita unanimidad actual contra Honduras; todos estos presidentes de derecha e izquierda son verdaderamente un bloque, títeres y sumisos, solo a los intereses de las corporaciones mundiales y a la instauración del caos en sus propios países, en nombre de un supuesto polo político. Conspiración confesada por el presidente Kennedy, días antes de que el chofer de su limusina o la propia CIA lo ajusticiara por declarar que iba a develar este complot al mundo; confabulación que tiene como propósito destruir todos los aparatos productivos nacionales americanos, para que a través de una ruina o demolición total, como sucedió en las guerras mundiales, “las benévolas” corporaciones “ayuden” a toda la América, apropiándose de todos sus bienes colapsados y den paso a su mercado monopolista o nuevo orden mundial en América, como casi es ahora en Europa. ARRIBA HONDURAS!!!!! Y que se nombre el 28 de junio: DÍA MUNDIAL DE LA CONSTITUCIÓN.

Venezuela dijo...

Lucas Blanco Acosta, dispensen que ingresé clandestinamente con un seudónimo a diferentes web, identificado como: “Venezuela”, desde el 30 de junio de 2009, hasta el 18 de julio de este, con el correo ficticio: juliocesar@hotmail.com; con 9 comentarios que se iniciaban con el texto: Concretando… “ASÍ SERÁ LA TRAMPA ELECTORAL DE CHÁVEZ, que a Zelaya”… a las paginas imparciales que lo publicaron, muchas gracias, se lo agradecemos todos los que anhelamos la verdad, siempre estaremos en deuda con ustedes, por representar el genuino periodismo. De igual modo, pido excusas a la mayoría de lectores de mi página web www.cronicabiblica.com, por haber desviado los propósitos iníciales de esta, mil excusas. Pero justifico el cambio, por la gravedad que considero que está mi país y el mundo entero. Aunque he seguido con las investigaciones de “Veneciuela Matriz de la Historia Universal”, no lo he hecho como antes, por las premuras que expongo en el texto: “La Conspiración Mundial de la Mafia X”, que complementa los comentarios de “Venezuela”, que con el favor de Dios, pronto publicaré en mi página web, pero que ahora pueden leer en La Voz del Pueblo, en un documento adjunto en este enlace:
http://groups.google.co.cr/group/lavozdelpueblo/browse_thread/thread/bebb9b4d69b0b291