EL TEMA ES EL NEOLIBERALISMO

lunes, 6 de julio de 2009

Un artículo de Jorge Rachid

“Conducir es predicar y
Predicar es persuadir” (J.D.PERON)

El peronismo, como el resto de la sociedad argentina, viene de 33 años de aplicación a sangre y fuego de la doctrina político-económica del neoliberalismo, que ha penetrado profundamente en todos los rincones políticos y en los estamentos sociales como cultura dominante y que, aún hoy en retroceso no ceja en apuntalar, con su discurso único y propiciando la desmemoria, conductas y comportamientos sociales en el marco del individualismo de formato insolidario y apolítico que ha llevado a la diáspora y a la fragmentación

Muchos de quienes votaron por alternativas de castigo al Gobierno nacional, exceptuando quienes lo hicieron por “izquierda” proponiendo profundizar el proceso político hacia un mayor predominio del rol del Estado, seguramente frente a un test de preguntas puntuales sobre las acciones de Gobierno producidas en los últimos 6 años, esos mismos electores terminarían dando al gobierno asentimiento a las mismas.

Por ejemplo si preguntamos a esos votantes si desean eliminar los convenios colectivos de trabajo, el consejo del salario mínimo vital y móvil y la plena vigencia de la ley de contrato de trabajo, todas herramientas inmovilizadas y “flexibilizadas” durante décadas neoliberales, no estarían de acuerdo.

Si la pregunta fuese si quieren que Aerolíneas Argentinas vuelva a los españoles y la fábrica de aviones de Córdoba a la Loocked, además de privatizar nuevamente los fondos provisionales volviendo a las AFJP, el correo argentino, el espectro radioeléctrico, entre otros sectores de la economía y los servicios privatizados en los 90, seguramente muchos repensarían su voto.

A lo mejor muy pocos se preguntaron si con ese voto no volverían al Estado ausente manejados por el “Mercado”, en el control del ordenamiento social argentino, que llevó a privilegiar el sector financiero por sobre el productivo y a producir la masa de desocupación mas importante de nuestra historia, enterrando la cultura del trabajo por la de la especulación.

Otros quizás no pensaron que hacer con los represores encarcelados y juzgados cuando queden en libertad y expresen su reivindicación histórica de la dictadura militar. Volver al indulto y a las leyes de obediencia debida y punto final, es un camino lógico para un castigo electoral ?
Estamos de acuerdo con el desarrollo del UNASUR, el Banco del Sur y el fortalecimiento de espacio Latinoamericano como eje de la política internacional desde una concepción continental abarcativa de la alianza entre los pueblos, no sólo económica que supere los marcos del MERCOSUR y su discusión arancelaria o quizás pretendemos con nuestro voto volver a ser parte acompañante de la voracidad y codicia del tráfico ideológico de la globalización como condicionante político, que elimina soberanía, es una pregunta clave a hacerse si la discusión electoral hubiese tenido ejes políticos nacionales.

Seremos capaces de mantener los niveles necesarios de recaudación para poner en marcha la educación pública y la salud en todos sus aspectos, hipotecas pendientes sin dudas ambas desde la crisis del 2001, si se eliminan las retenciones y se bajan los impuestos a las ganancias, según pregonaban en campaña los ahora vencedores ???

Deberemos nuevamente enfriar la economía, lo cual significa bajar el nivel de actividad para el mantenimiento de los indicadores macro económicos como exigen los organismos internacionales ???. Quizás nos acostumbremos a ver nuevamente las misiones auditoras de los mismos con calificaciones y ejecuciones de ajustes económicos para cumplir las metas que nos impongan como condición del endeudamiento, mientras nos miden “el riesgo país”.

Seguramente esto no votamos los argentinos como pueblo.

Quizás los argentinos, votamos a favor o en contra de un estilo de conducción y sistemas de alianzas, cuyo principal déficit es la carencia de una construcción política, que se podría haber realizado desde un PJ organizado, funcionando, que acumulando en el seno del pueblo con organización y movilización, con un plan estratégico de desarrollo, hubiese permitido visualizar la construcción de un nuevo modelo social y productivo, con justicia social y redistribución de la riqueza, que siguiera jerarquizando la cultura del trabajo y planteando la independencia económica y soberanía política, como eje, para terminar de derrotar al neoliberalismo cultural que aún anida después de tantos años de “discurso único” dominante, en amplios sectores de poder y algunos nichos del Gobierno Nacional.

Fue un camino no transitado y al no hacerlo se debilitaron las realizaciones , permitiendo el avance de sectores antagónicos tanto en el marco electoral como el estratégico, en la confrontación de modelos no explicitados pero visualizados con nitidez a lo largo de la historia argentina, federales y unitarios, personalistas y antipersonalistas, peronistas y antiperonistas, distribución de la riqueza o concentración, país agroexportador versus industrialización, Estado ausente o Estado de Bienestar y otros tantos cortes profundos, no resueltos y de confrontación abierta, en nuestro país.

Quizás el peronismo como expresión política de las mayorías populares, no encontró los canales de contención necesarios en el discurso ni en la convocatoria, junto a otros sectores del campo nacional y popular, para protagonizar una épica al que fue convocado y que era tan sólo electoral y racionalista, al no lograr colocar parámetros de profundización del proceso político a futuro, con participación popular plena, ya que las conducciones que convocaban, aparecían encerradas en un cenáculo inexpugnable con decisiones político electorales que no respondían a la realidad de las bases militantes.

También es cierto que en nombre del peronismo y de algunos protagonistas de hoy, sin una sombra de autocrítica, se transitó la etapa de los 90, de tráfico ideológico en nombre de la globalización y la modernidad, lo que aumentó la confusión con sectores aliados del campo nacional que prefirieron diferenciarse.
Es que en los 90 hubo verdaderas cesiones de soberanía nacional en determinadas medidas, que provocaron desempleo masivo, destrucción de la industria nacional, vigencia de juzgados de EEUU para entender los asuntos contractuales con las empresas monopólicas privatizadas, entre otras, que hirieron profundamente la capacidad de decisión soberana del país e hipotecaron las herramientas de capitalización del Estado argentino, en la ideología del remate de empresas públicas de servicios, desde un gobierno que convocó desde el peronismo.

Sin dudas sobre estos temas girará el debate del movimiento nacional en los próximos años, es decir reinstalando la política como eje de discusión, privilegiando la síntesis y planificando los caminos a recorrer con modificación de conductas y construyendo alianzas en el marco estratégico, antes que la discusión banal y frívola de nombres o la publicidad y el dinero como forma de presión electoral por momentos obsena.
Se construirán si se reinstala la lógica del pensamiento y el debate político, los ámbitos necesarios de funcionamiento político que permitan la construcción de una mirada compartida, amplia y nítida, además de la formación militante, comprometida y fundada en los principios doctrinarios con conciencia de pertenencia e identidad política con compromiso nacional.

Formación política no en pos de un conchabo laboral , o la construcción de un frente de negocios, sino recreando la formación militante en la conciencia nacional, con compromiso con los trabajadores, los humildes y los desposeídos como proyecto de vida, que es la razón de ser del peronismo. Si no es eso, el peronismo no será.

La dinámica de los pueblos como constructores de su propia historia tiene en los argentinos grandes epopeyas y terribles derrotas del campo nacional y popular, pero siempre la voluntad emergente del pueblo va encontrando los canales de construcción de los nuevos paradigmas, fijando nuevas utopías e incorporando generaciones briosas a la lucha por una sociedad mas justa, verdadera lucha de la resistencia ante las dictaduras militares y ante el avasallamiento neoliberal prepotente de las últimas décadas.

Sin dudas transitamos un nuevo tiempo en donde la duda campea en los dirigentes, en especial en aquellos que no se atreven a romper con el sistema de poder y aquellos que quieren hacerlo sin estructuras. Un mundo de posibilidades anida en el medio, que es el tránsito de la política de hacer lo que se puede , no siempre lo que se quiere. Esto requiere inteligencia, humildad, compromiso, paciencia y voluntad inquebrantable de luchar por los ideales, por una causa justa que haga de nuestras vidas una razón alegre para transitarla.

Mientras haya un solo pobre o un indigente, es decir un compatriota que no tenga comida, techo, educación y salud además de trabajo, el peronismo no puede sentirse satisfecho. No se puede ser neoliberal y peronista al mismo tiempo, se debe discutir, profundizarlo y de ser necesario cada “chancho a su chiquero” pero producto de una discusión político-doctrinaria antes que desde feudos de poder amparados por años de derrotas conceptuales y éxitos individuales.

Quien no sea capaz de llorar frente al dolor y a la miseria ha dejado de ser un militante peronista, quien no sufra la muerte por desnutrición de nuestros hermanos y lo justifique, es parte de la cultura del pasado neoliberal, quien enarbole “los costos necesarios” que siempre pagan los mismos en pos de un futuro venturosos, tipo teoría del derrame, está trabajando para otros intereses, quien en su afán protagónico construya alianzas con cualquier sector liberal, deteriorando al movimiento nacional, deberá repensar su ubicación política.
Las veinte verdades que signaron al peronismo siguen vivas, la Comunidad Organizada sigue vigente y pendiente.
Donde existe una necesidad existe un derecho y desde ahí se puede avanzar en la reconstrucción del movimiento nacional y popular en la Argentina.

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